martes, 26 de noviembre de 2013

Midiendo el brillo de las estrellas.

LA MAGNITUD DE LAS ESTRELLAS

Hiparco de Nicea
Si algo empieza por llamarnos la atención cuando nos iniciamos en la observación del cielo es el brillo y el color de las estrellas. Evidentemente una primera visión del cielo nos muestra que hay unas estrellas más brillantes que otras, algo que ya cuantificaron primeramente los griegos en la persona del astrónomo Hiparco de Nicea hacia el 150 a.C. Éste espléndido sabio griego clasificó el brillo de las estrellas en seis grados o magnitudes como se conoce al término en Astronomía. El brillo de las estrellas se mide en magnitudes. De modo que las primeras estrellas que aparecían tras la puesta del Sol las clasificó como de primera magnitud, aquellas que brillaran como la mitad de estas de segunda magnitud y las estrellas que estaban en el límite de la percepción visual las asignó como de sexta magnitud.

Ya avanzado el siglo XIX se trató de medir más seriamente el brillo de las estrellas,  se revisó el concepto de magnitud y se establecieron algunas estrellas de referencia a partir de las cuales se pudieran medir el brillo de las demás. Se comprobó que las estrellas de primera magnitud eran unas 100 veces más brillantes que las de sexta, o dicho de otra forma, las de primera magnitud brillaban como 2,5 veces más que las de segunda; las de segunda otras 2,5 veces más que las de tercera y así sucesivamente. 

Si nos fijamos, a medida que el brillo de una estrella aumenta, la magnitud disminuye. En el campo, en una noche clara y dependiendo del lugar, las estrellas más débiles visibles a simple vista son de la magnitud quinta o sexta, mientras que siempre observaremos las de primera o segunda magnitud incluso desde la ciudad. Pero llega un momento en que algunas estrellas, planetas u otros cuerpos celestes adquieren magnitudes negativas. Por ejemplo, el planeta Venus alcanza la magnitud -4,4; Júpiter  -2,6 o la estrella más brillante que podemos observar en el firmamento, Sirius, alcanza la magnitud -1,5. Esto es, las magnitudes son términos cuantitativos que también incorporan decimales de forma que con instrumentos adecuados se consigue una precisión de 0,01 magnitudes (una centésima) y el ojo humano bien entrenado puede llegar a observar diferencias de magnitud en torno a 0,1 (una décima de magnitud). Como vemos la magnitud no tiene unidades.

El concepto de magnitud lo entendemos como magnitud aparente lo que significa que es el brillo que muestra la estrella en el cielo pero no es su magnitud absoluta. Esta última, sería  con la que brillaría la estrella desde una distancia fija. En concreto desde 32,6 añosluz  pero esto, como el color de las estrellas, es otra historia.

También los registros actuales de magnitud se refieren al obtenido tras colocar a un fotómetro un filtro amarillo conocido como V que deja pasar la longitud de onda parecida a la que se percibe visualmente. Existen también la magnitud de las estrellas en azul y rojo e incluso en ultravioleta o infrarrojo. Pero para los propósitos prácticos cuando consultemos en los catálogos, la magnitud ofrecida en V podremos estimarla como la correspondiente a la que podemos observar en el rango del espectro visual.

LOS OBJETOS MÁS BRILLANTES DEL CIELO

La lista que se expone a continuación muestra los objetos más brillantes del cielo. Obviamente todos ellos son visibles desde la ciudad. En gris claro están las estrellas que no son visibles desde el hemisferio norte.


Aquellos objetos a los que le acompaña la palabra "var" a la magnitud es porque son estrellas variables de las que ya hablaremos más adelante.

CÓMO PODEMOS MEDIR LA MAGNITUD APARENTE DE UNA ESTRELLA

Existe un método a través del cual los aficionados suelen medir visualmente la magnitud de las estrellas. Es actualmente muy usado por los observadores de estrellas variables y a pesar de contener una moderada dosis de subjetividad ha dado muy buenos resultados durante años. De hecho, hasta la aparición de los fotómetros y los sensores CCD la estimación de las magnitud de las estrellas -en especial los trabajos realizados con estrellas variables- se hacían usando solo el método conocido como método de Argelander. Actualmente se sigue usando pero debemos ser conscientes que no se adquiere la precisión que se obtiene con un instrumental adecuado, de cualquier forma suele ser validado por entidades dedicadas a la observación de estrellas variables.

Curva de luz de la variable T Cephei obtenida por observadores de la Asociación Americana de Observadores de Estrellas Variables (AAVSO) usando el método de Argelander. (AAVSO)

Éste método fue desarrollado por el astrónomo alemán Friedrich Wilhelm August Argelander (1799-1875) hacia 1843 y lo usó para un catálogo de 22 estrellas variables que publicó en 1850. (Las estrellas variables son aquellas estrellas cuyo brillo no se mantiene constante con el tiempo y de ella vamos a hablar muy pronto en éste blog). El método es muy fácil y consiste básicamente en una interpolación. Consiste en los siguiente:


Seleccionamos dos estrellas de magnitud conocida, una de mayor brillo que la que queramos medir (estrella A) y otra de menor brillo que ella (estrella B). Una vez tenemos el par seleccionado, a continuación compararemos la más brillante con la estrella cuyo brillo desconocemos, y posteriormente, haremos lo mismo con la de menor brillo. Las comparaciones se harán asignándole unos grados definidos de la siguiente forma:

  • GRADO 1: Aparentemente las estrellas son iguales de brillo. Tras una observación exhaustiva no vemos diferencia alguna pero por unos instantes observamos que una estrella es más brillante que la otra.
  • GRADO 2: Al primer golpe de vista las dos estrellas resultan iguales pero cuando proseguimos la observación vemos claramente que una estrella es más brillante que otra.
  • GRADO 3: Una estrella es ligeramente más brillante que otra desde el primer golpe de vista.
  • GRADO 4: La diferencia de brillo entre las dos estrellas a comparar resulta notable.
  • GRADO 5: La diferencia de brillo entre las dos estrellas es exagerada o muy exagerada.
A esta relación podría añadirse el grado 0 que se aplicaría en el momento en el que no apreciáramos NINGUNA diferencia de brillo entre las estrellas a comparar pese a haberlo observado a las estrellas tras un detenido examen. Muchos observadores también aplican grados intermedios (a excepción del 0,5) pero para nuestros propósitos básicos la observación la haremos, ahora, usando grados enteros.

Ejemplo del Cálculo de la Magnitud

En una medición cualquiera podríamos tener una expresión así: A(3) V (2) B que significaría que la estrella A es tres grados más brillantes que la estrella de la que queremos obtener el brillo quien, a su vez, es dos grados más brillante que la estrella más débil elegida. Esta expresión recibe el nombre de comparación.


A continuación, llamaremos ma a la magnitud conocida de la estrella más brillante (que vamos a suponer de magnitud 3,2) y mb a la de magnitud más débil (supongamos de magnitud 3,8) y aplicaremos la sencilla expresión matemática siguiente:

Ejemplo y fórmula para calcular la magnitud  (FRB)

Si aplicamos los cálculos obtendremos que: mV = 3.2 + (3.8 - 3.2) · (3/5) = 3,56 = 3.6. Según la comparación entre estrellas que hemos observado, la magnitud que le hemos encontrado a la estrella es de 3.6.

¡Una propuesta de observación!


En estas fechas de finales de otoño la constelación de Casiopea brilla alta sobre el horizonte norte. Adopta un aspecto semejante al del número 3 dejándose caer hasta parecer una "M". Intentemos determinar la magnitud de la estrella señalada como V a través de las estrellas A y B (en amarillo) cuyas magnitudes son conocidas y tienen como 2.2 y 3.4 respectívamente. ¿Serías capaz de escribir un comentario con la magnitud calculada?





Si no localizas a la constelación, siempre puedes usar las cartas mensuales en pdf que he colocado varias entradas atrás y que nos servirán durante mucho tiempo. ¡Observemos el cielo, no nos defraudará!

domingo, 24 de noviembre de 2013

El Cielo de Diciembre

Todas las estrellas brillarán para tí
A continuación, y aprovechando que la Luna Llena nos va dejando cielos oscuros, voy a tratar de describir el cielo que puede observarse en el mes de diciembre, finalizando el otoño y dando paso al invierno.

Como cada cielo es diferente y el cometido del blog es incentivar la observación astronómica aún desde cielos contaminados, siempre haré hincapié en qué se puede observar más fácilmente y que no. Obviamente cada caso es particular, depende del "velo contaminado" que tengamos sobre nuestras cabezas observaremos más o menos estrellas. Si quieres aprovechar para conocerlo puedes imprimir la página 9 del enlace que puse en la anterior entrada para reconocer las constelaciones.

Por razones obvias, la franja de la Vía Láctea no puede ser observada desde la ciudad. En las descripciones mensuales serán obviadas pero algún día hablaré sobre ella. Al fin y al cabo ¡formamos parte de ella!


EL CIELO DE DICIEMBRE

Norte

Lejos ya de las buenas temperaturas, el cielo de diciembre del Hemisferio Norte nos muestra la antesala de la belleza de la bóveda celeste que será mostrada en plenitud en pleno invierno. Además contiene constelaciones "brillantes" por lo que suelen ser visibles cómodamente desde la ciudad. En el Norte vemos casi rozando el horizonte la Osa Mayor con la lanza hacia abajo, al igual que las guardas de la Osa Menor que apuntan hacia el horizonte. Hacia el Oeste de la Osa Menor aparece el trapecio que conforma la “cabeza” de la constelación del Dragón y que es completada por la hilera de estrellas existente entre las dos Osas. Hacia arriba de la Osa Menor aparece la constelación de Cefeo con su forma pentagonal y más arriba la constelación de Casiopea que en ésta época del año va pasando de adquirir la forma de "E" a la de “M”, algo que podemos ver conforme avance la noche. Si miramos hacia el cenit nos encontramos con el gran cuadrado de la constelación de Pegaso y el ramillete de estrellas que de él parte formando la constelación de Andrómeda en la que se incluye la galaxia homónima. Desde la ciudad puede que el trapecio del Dragón y el pentágono de Cefeo no sean visibles, solo observándose las estrellas más brillantes, pero si nos retiramos un poco de la contaminación lumínica pueden aparecer sin problemas.

Norte, las "guardas" de la Osa Menor hacia abajo y comienza a subir sobre el horizonte la Osa Mayor



Oeste

Por el Oeste y Noroeste aún podemos ver el Triángulo de Verano con la azulada y brillante Vega de la constelación de la Lyra cercana al horizonte Noroeste, la brillante Deneb y el Cisne más alta en el horizonte para, finalmente, encontrarnos con Altair, la estrella más brillante de la constelación del Águila poniéndose por el Oeste.

El Cielo del Oeste nos muestra las maravillas de las que disfrutamos en verano

Este

Vayamos ahora hacia el Este donde veremos emerger constelaciones preciosas. De momento, y aunque aún haya que esperar unas semanas para alcanzar las mejores condiciones de observación, desde el horizonte este empieza a “levantarse” la exhuberante constelación de Orión con su gran nebulosa de Orión. La constelación de Orión es visible completamente desde las ciudades y constituye una auténtica joya de todo el cielo. A su lado asoman dos brillantes estrellas, Castor y Pollux de la constelación de los Gemelos. Si seguimos subiendo nos encontraremos una brillante estrella roja que parece formar parte de un asterismo con forma de cuernos o una “V”. Efectivamente, es la estrella Aldebarán perteneciente a la constelación del Toro. En realidad esa “V” es un cúmulo estelar llamado las Hyades. En esta parte del cielo hay que fijarse bien pues brilla una auténtica maravilla. Si ganamos altura sobre los “cuernos del Toro” veremos brillar en una extensión reducida del cielo otro cúmulo estelar precioso, quizá el que más: estamos hablando de las Pléyades. El asterismo recuerda al carro de la Osa Mayor en pequeñito. Aquí tenemos otra prueba de agudeza visual. Las vistas normales alcanzan a discernir seis estrellas pero astrónomos con el maestro de Kepler, Michael Maestlin dibujó en 1579 un mapa con la posición correcta de ¡once estrellas! y sin ayuda óptica alguna, la cual tardaría por llegar aún tres décadas. ¿Cuántas eres capaz de ver tú?




Una vez nos hemos dejado llevar con la observación de las Pléyades dirigiremos nuestra vista hacia el Noreste donde a la misma altura encontraremos una constelación con forma pentagonal, se trata de Auriga y cuya estrella principal, Capella,  de color amarillo ocupa el vértice superior. Justo arriba de Auriga y con forma de “Y” volcada y distorsionada aparece la constelación de Perseo. Esta constelación es conocida por contener el famoso radiante de la lluvia meteoros que podemos observar en  el mes de agosto: las Perseidas. Pero Perseo también contiene dos objetos interesantes. El primero de ellos es la estrella Algol, segunda más brillante de la constelación y orientada hacia el Este de la constelación. Esta estrella es en realidad una pareja de estrellas muy cercana -invisible ópticamente- que se eclipsan mutuamente, lo que se traduce en una disminución de su brillo cada 2 días y 21 horas aproximadamente, bajando de la segunda a la tercera magnitud en unas cuatro horas y media para después, en el mismo período de tiempo, ascender a su brillo normal. El segundo objeto, al norte  de la constelación de Perseo ya lindando con Casiopea es otra nubecilla cuyas estrellas no observamos a simple vista: el Doble Cúmulo de Perseo. Otra joya en el cielo, ésta, doble, aunque no visible desde las ciudades a simple vista, si lo es con prismáticos. A ambos le dedicaremos su entrada correspondiente.

La preciosidad de cielo que asoma por el este
Sur

En el Sur aparecen las constelaciones cuyas estrellas son menos brillantes. Si descendemos desde el gran cuadrado de Pegaso que domina la parte alta del cielo sur, encontraremos a la constelación de Piscis que se representa como dos peces unidos por una larga cinta en forma de “V”.  El “pez” más fácilmente reconocible es el que está justo debajo del cuadrado con forma pentagonal. Esta constelación difícilmente es observable desde las ciudades pues está formada por débiles estrellas.

Por la parte oriental del cuadrado de Pegaso aparece la constelación de la Ballena (Cetus) con una gran cabeza en forma pentagonal y un cuerpo más próximo al horizonte. La hilera de estrellas que se extiende por debajo de la Ballena y que llega hasta Orión forma parte de la constelación de Eridano. Más próximo al horizonte la constelación de Acuario y, ya casi tocándolo, la brillante Fomalhaut está a punto de ponerse bajo él. También esta zona del cielo puede verse afectada por la contaminación lumínica apareciendo sólo las estrellas más brillantes de cada constelación. No obstante, es importante, aunque sea con prismáticos, seguir sus formas.

El "apagado" pero no menos interesante cielo de la zona Sur del firmamento


Hace frío, pero atardece pronto. El espectáculo que nos ofrece el cielo en invierno es espectacular, cielos más limpios y nítidos y con una sugerente belleza. En las siguientes entradas iré mostrando algunos objetos que forman parte de la maravilla del cielo invernal.  ¡No dejemos de observarlo!

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Preparando la Observación Astronómica

PREPARANDO LA OBSERVACIÓN

Iniciarse en la exploración de la bóveda celeste y preparar una sesión de observación astronómica no es un asunto baladí. La ventaja de estar observando desde la ciudad es que, al poder subir a la azotea o salir a nuestro patio, haremos más noches de Astronomía, podremos llevar a cabo más programas de observación  y podemos hacer más eficiente a nuestro pequeño telescopio o a nuestros prismáticos por un mayor uso de los mismos pero, claramente, en contrapartida, perderemos mucha calidad del cielo que si estuviésemos observando desde el campo, la montaña o cualquier zona alejada de los núcleos residenciales. De cualquier forma hay detalles logísticos que no debemos dejar atrás. Ya observemos en casa o en el campo.

El salir a cielo raso comporta que debamos ir preparados para proteger nuestro cuerpo del frío o la humedad del invierno, o de los insectos en verano, o incluso del viento. Existen una serie de de elementos básicos que no debemos olvidar. El primero de ellos es la ropa. Incluso en verano la temperatura puede bajar hasta el punto de sentirnos incómodos, por lo tanto debemos ir bien abrigados. Algo esencial es prepararse bien los pies y la cabeza pues por ambos sitios la pérdida de calor es importante, esta protección es fundamental  durante las noches invernales. En ocasiones el frío, unido al viento, es intenso y si vamos a pasar algunas horas al raso el ir protegidos nos evitará cualquier problema de salud posterior. Si la noche de observación va a ser larga siempre podremos preparar, previamente, nuestros caldos o café para hacer más soportable la noche tratando de evitar el alcohol.

Si vamos a irnos al campo a observar, durante el día debemos buscar un lugar apropiado para la observación buscando lugares oscuros pero si lo hacemos desde la ciudad procuraremos que esté alejado de fuentes de luz indirectas : farolas, ventanas iluminadas, etc. Desde la ciudad es recomendable esperar  a que la noche sea bien oscura. Yo suelo esperar también a que se apaguen las luces de los monumentos y en ocasiones observo antes del amanecer donde el cielo está más limpio y oscuro pero entiendo que no siempre se puede hacer así ni siempre es útil. Sea cual sea el lugar de observación debemos llevar nuestras cartas estelares, un cuaderno de observaciones donde anotar nuestros registros, lápiz y goma si queremos dibujar y reloj para anotar la hora en la que hacemos nuestras observaciones.

Antes de iniciar nuestras observaciones deberemos permanecer unos 20 minutos adaptándonos a la oscuridad, evitando reflejos y luces parásitas. Durante ese tiempo nuestra pupila se dilatará hasta lo máximo posible (dependiendo de la edad y de la oscuridad del lugar). Si encendiéramos alguna luz nuestra pupila se contraería y habríamos perdido dicha adaptación. Por todo esto, para anotar nuestras observaciones o para guiarnos usaremos una linterna que ofrezca una luz tenue de color  ROJO. Esta coloración además de evitar que perdamos la adaptación a la oscuridad evitará molestias en caso de que estemos realizando fotografía del cielo. Puede hacerse fácilmente poniendo papel de celofán rojo sobre la linterna que dispongamos.

Ya con todo preparado empecemos contemplando el cielo y disfrutando de él. ¡Anote todo lo que vea en un cuaderno de observaciones! Al cabo del tiempo le será muy útil además de un extraordinario recuerdo.


CARTAS DEL CIELO, ¿POR DÓNDE EMPIEZO?

Existen magníficos programas gratuitos como Cartes du Ciel o el ya nombrado en estas páginas Stellarium que nos ayudarán a organizar y planificar nuestras observaciones. Ya los iremos comentando. Pero si subimos a nuestra azotea o salimos a nuestro patio siempre necesitaremos alguna carta o planisferio celeste que nos ayude a reconocer las constelaciones en el cielo. Hay muchos y variados en el mercado y son instrumentos que nos muestran el cielo visible cualquier día y hora del año. Realmente son útiles para todos los astrónomos aficionados. También existen muchas publicaciones en la red, libros, revistas especializadas en las que se publican estos planisferios o cartas estelares pero a efectos prácticos, y para que comencéis a observar, si no tenéis nada a mano os voy a recomendar éste enlace procedente de la prestigiosa revista americana Sky & Telescope que puede resultarnos práctico, en líneas generales. durante todo el año. Para este mes podremos imprimir la página 9 del enlace.

Si se observa desde la ciudad observaremos más fácilmente algunas constelaciones al reducirse el número de estrellas pero bien es cierto que algunas otras o partes de ellas desaparecerán y no serán reconocibles a simple vista. Comencemos por localizar a la estrella Polar la cual no sólo será necesaria para reconocer el norte sino que también puede servirnos como punto de partida para reconocer el resto de constelaciones. Obviamente es imprescindible saber donde está si queremos poner un telescopio en estación y hacer seguimiento con nuestra montura.


LOCALIZANDO LA ESTRELLA POLAR

Un truco muy conocido es empezar buscando la siempre presente Osa Mayor, con su conocido asterismo en forma de cuchara conocido como el Gran Carro. Pues bien una vez la tenemos localizada, prolongaremos cinco veces la distancia entre las dos estrellas superiores de la Osa Mayor hacia la izquierda en invierno (o inferiores y hacia la derecha en verano) y llegaremos a la Polar, una estrella brillante aunque no demasiado. Comprobaremos si hemos acertado si vemos una constelación gemela pero más débil a la Osa Mayor, se trata de la Osa Menor. La Osa Menor es visible completamente en el campo en la ciudad se perciben y las dos estrellas finales de su carro llamada "guardas". Una vez que sabemos donde está la estrella Polar tendremos localizado perfectamente el Norte y a partir de ahí podremos ir localizando las constelaciones en cualquier época del año.

Otro método si el cielo es realmente pésimo es el uso de una pequeña brújula para localizar el Norte y una vez determinado dicho punto la estrella Polar se encontrará a unos 40 grados de altura sobre el horizonte, unos dos palmos de la mano proyectados con el brazo extendido. Pero creo que en esas condiciones la observación astronómica no es viable...

Una vez que conocemos la Polar podemos usar nuestras cartas celestes para ir descubriendo otras constelaciones e ir adentrándonos en el conocimiento del cielo.



domingo, 17 de noviembre de 2013

La Luna Llena

Cuando la Luna está en fase llena es de todos sabido que la observación astronómica se torna difícil. Si encima observas desde la ciudad peor aún. Sí que es cierto que se pueden observar estrellas dobles, estrellas variables, y por supuesto el Sol durante el día pero, no es lo mismo. De modo que se me antoja que como primera entrada "lunar" podríamos aprender a reconocer los detalles selenográficos de la Luna. Saber distinguir zonas de otros mundos es, como mínimo, emocionante.


La Luna no tiene atmósfera y su superficie refleja muy poca luz de la que recibe, en torno a un 7%. De manera que, en un simple vistazo, podemos reconocer que los colores de nuestro satélite son el blanco y el negro pasando por todas las tonalidades de grises. Una simple mirada hace que distingamos zonas oscuras, a las que llamamos Mares y zonas claras que reciben el nombre de Tierras. Los mares son extensas zonas que originariamente habían sido grandes cráteres producidos por impactos de asteroides y que han sido recubiertos por el magma procedente del interior lunar. Las zonas claras que hemos llamado tierras (y no en referencia a nuestro planeta) forman la mayor parte de la superficie lunar y están formadas por cráteres de impactos producidos por objetos de distintos tamaños.

La observación de la Luna se realiza mejor cuando se sitúa en la fase de los cuartos, días antes y después, donde podremos observar mejor los detalles lunares por el contraste de luz existente. Pero para empezar no está de más aprovechar la Luna Llena para distinguir las zonas claras y las oscuras: mares, cráteres, cordilleras montañosas, valles, grietas, rayos...

Os presento un buen mapa de la Luna en pdf obtenida como enlace desde la web de Andrés Valencia del Observatorio Arval de Caracas (Venezuela). Aconsejaría imprimir las tres primeras hojas y situarnos con nuestros prismáticos o nuestro pequeño telescopio a ir reconociendo detalles.

CRÁTERES RADIALES


Fijémonos por ejemplo en la parte sur de la Luna donde pueden verse unos rayos que salen del cráter Tycho. Estos rayos son el resultado del impacto brutal que originó el cráter y cuyos restos quedaron esparcidos al solidificarse. Son realmente preciosos y es un buen momento para que sean observados. También existe otro cráter más al norte de Tycho, y también brillante, llamado Copérnico que dispone de un sistema radial también perfectamente visible pero no tan destacado como los procedentes de Tycho.

Podemos también aprovechar para ver como existen más cráteres en las zonas llamadas tierra (las claras) que en los mares o zonas oscuras lo cual tiene su explicación por el hecho de que las tierras son más antiguas y los cráteres de dicha zona se formaron en épocas tempranas del Sistema Solar.

En resumen, podemos pasar un buen rato observando a nuestra vecina la Luna. Reconociendo sus formaciones con un pequeño instrumento (incluso a simple vista). En éste blog le dedicaremos varias entradas a nuestra acompañante viajera.

jueves, 14 de noviembre de 2013

El Sol y sus manchas solares

El Sol es nuestra fuente de vida y la estrella más cercana. Esconde muchísimos encantos que desvelarnos. Precísamente en estos días El Sol no está quieto. Se encuentra activo como corresponde al año en que nos encontramos de máximo solar. Estos cambios los podemos observar en muchos momentos y desde muchos lugares favorables. Eso sí, su observación no es tan fría como la de la del cielo nocturno...

OBSERVACIÓN DEL SOL

Lo primero que debemos hacer para observarlo es hacerlo con protección. A simple vista no es posible observar apenas nada de modo que usaremos un simple telescopio o unos prismáticos para intentar localizar esas pequeñas regiones oscuras que son las manchas solares y que son el motivo de esta entrada. Existen diversos métodos para ello, uno que repito una y otra vez que no debe usarse por mucho que se indique es el de colocar un filtro solar en la entrada del ocular. La altísima temperatura que puede registrarse cuando la luz del Sol llega al ocular puede romper el ocular y por tanto provocar un daño inminente en los ojos. Un ojo expuesto sin protección a la luz del Sol puede considerarse perdido para siempre.

El método más fácil y económico de todos es el de proyección. Consiste en hacer coincidir la imagen del Sol con el foco del telescopio para que cuando la imagen se forme salga del ocular y sea proyectada en una cartulina o madera blanca. Os dejo una figura para que os hagáis una idea.



Este sistema es muy usado y generalmente da buenos resultados pues permite fotografiar la imagen formada sin peligro e incluso dibujar sobre ella. Pero el continuado uso de éste sistema puede provocar daños en los telescopios y por consiguiente su deterioro. De cualquier forma yo recomiendo quizá el método más seguro y también más eficaz. Consiste en la utilización de una lámina de Mylar que se coloca justo delante del objetivo del telescopio y que bloquea el 99,9% de la luz solar con lo cual no solo impedimos que nos dañe la visión sino que también impedimos que el telescopio sufra deterioro. Podemos observar y fotografiar con comodidad. Eso sí, yo aconsejo que se guarden bien y se revisen cada vez que se usan pues a veces aparecen poros que pueden provocar problemas. Yo suelo usar una lámina Baader que suele tener un tamaño de un A4 y su precio no suele llegar a los 30 euros. Aunque parezca caro no es así pues puede recortarse para ser adaptada a nuestros instrumentos y protegerlos todos. 
Os dejo una fotografía de como la tengo acoplada a un sencillo refractor de 70 mm y a una cámara fotográfica.



Cámara y telescopio preparado para la observación del Eclipse Parcial de Sol del 3 de noviembre de 2013

Una vez que tenemos preparado nuestro método seguro de observación del Sol, podemos empezar por observar sus manchas solares. Estas manchas son zonas oscuras que aparecen en la superficie del Sol con una temperatura inferior a la del resto de la zona que le rodea, normalmente unos 2000 grados menos. Estas manchas modifican su aspecto conforme pasan los días y tienen un tamaño variable y suelen durar unos 20 días (una rotación solar es de 28 días). La observación del Sol por parte de los aficionados es una tarea que llevan a cabo muchos de ellos y ha sido esencial en el conocimiento de nuestra estrella. Si quieres ampliar más información sobre las manchas solares y su observación por parte de los aficionados puedes ver este pdf.

MANCHAS ACTUALES EN EL SOL

En el lateral os muestro una imagen del Sol del día 14 de noviembre a las 13h15 TU. Aparece en el oeste del Sol una mancha solar (a la que también se le llama región activa) catalogada con el nombre de AR 11899 que ha aparecido estos días atrás y que tiene un tamaño realmente impresionante, del orden de varias veces el diámetro del planeta Tierra. (Puede verse también en la imagen del SOHO (Solar and Heliospheric Observatory) que está en el lateral del blog). La fotografía está realizada con una "antigua" cámara digital Canon EOS300D acoplada a un sencillo refractor de 70 mm de abertura, el llamado ETX 70 de Meade. En la imagen también aparecen otros grupos de manchas que irán moviéndose hasta el este del Sol y justo en el borde este una zona más brillante que antecede a una mancha (también brillante los días atrás) que se oculta por el limbo solar. Esa zona brillante son enormes masas de gases más calientes -y por tanto más brillantes- llamadas fáculas. Se observan mejor por el limbo solar por el oscurecimiento del borde y suelen acompañar a las manchas solares aunque no necesariamente. Acompaño una ampliación de la fotografía anterior en la que se aprecia mejor la fácula, en éste acompaña a la mancha (región activa) AR 11890.

Detalle de la fácula
Todas estas observaciones pueden realizarse con un pequeño telescopio con protección garantizada, a cualquier hora del día y desde cualquier lugar. Y es que, como he dicho al principio, el Sol tiene muchos encantos. Eso sí, recuerda que NUNCA DEBES MIRAR DIRECTAMENTE AL SOL. 

martes, 12 de noviembre de 2013

A la espera del ISON, brilla el Lovejoy

Esta mañana he podido observar por primera vez el cometa C/2013 R1 Lovejoy. Me ha parecido precioso, sin cola, pero precioso. Fue descubierto el pasado 7 de septiembre por el aficionado australiano Terry Lovejoy cuando aún estaba en la magnitud 14. Hacia el 20 de noviembre alcanzará su máximo acercamiento a la Tierra alcanzando 0,4 unidades astronómicas. Las previsiones apuntan a que, una vez pase por el perihelio (25 de diciembre) el cometa puede seguir resultando visible a simple vista desde cielos poco contaminados e incluso se espera el desarrollo de una cola iónica. Otro espectáculo más para las noches de invierno. Hasta entonces, durante el mes de noviembre, el cometa se va a mover muy rápido desde Leo (donde está actualmente) hasta la Osa Mayor y el Boyero. Aconsejo que sea observado antes de amanecer pues, además de que la calidad del cielo es mejor que por la tarde, el cometa se mantendrá más alto sobre el horizonte.
Carta extraída desde  www.freestarcharts.com


Lo he observado con unos pequeños prismáticos junto a la estrella Kappa Leo hacia las 6h30, horas locales con una zona central ligeramente destacada (grado de condensación 6) y apreciando una coma de  unos 3 minutos de diámetro (desde la ciudad es difícil distinguir más). Le he asignado una magnitud 5.5 y dos magnitudes por debajo para la zona central. No he apreciado nada de cola.

Imagen forzada del cometa Lovejoy desde el centro de Sevilla. 12/11/13
Adjunto una fotografía realizada con una Canon EOS450D y un teleobjetivo de 135mm a ISO1600 con 3.2 segundos de exposición. La imagen está muy forzada para que pueda apreciarse el cometa centrado y no he querido usar seguimiento (en ésta fotografía) para mostrar que ¡puede verse!. Los objetos difusos no se fotografían bien desde la ciudad (como puede comprobarse en la fotografía) y aquí su observación visual me pareció más interesante. De todas formas es satisfactorio poder seguir un cometa desde la ciudad observar su evolución y viaje por el cielo. A la espera del ansiado aumento de brillo del cometa ISON, podemos disfrutar con el Lovejoy.

Si queréis disfrutar de unas buenas instrucciones para la observación visual de cometas, no dejéis de visitar esta web de Carlos Labordena, un gran observador de cometas. Aquí encontraréis como determinar el grado de condensación de un cometa, la magnitud y otros aspectos importantes para su estudio.

jueves, 7 de noviembre de 2013

La Ciudad y las Estrellas

Conjunción entre la Luna y Venus a primeros de noviembre de 2013 desde Sevilla


La idea de crear el blog me viene de un período de desesperación provocado como consecuencia de ir comprobando como, paulatinamente, las estrellas se me van apagando merced a la exagerada contaminación lumínica de la ciudad donde vivo, Sevilla. Aquí donde vivo, desarrollo mi actividad astronómica la mayor parte del año y es en la que la he desarrollado (aunque no igual que en el campo, claro está) durante los treinta años que llevo siendo aficionado a ésta maravillosa Ciencia Astronómica.

  Hace muchos años leí una fantástica novela de un género literario que admiro: la Ciencia Ficción. Mi autor preferido Arthur C. Clarke la escribió en 1956. La novela sitúa a la Tierra hace millones de años, completamente despoblada e inerte, salvo una pequeña ciudad, Diaspar, cuyos habitantes soportan un temor continuo ante la idea de salir al exterior y comprobar lo que hay fuera mientras viven en una inmensa cúpula oscura en la que desarrollan todas sus actividades. Todos los habitantes menos uno... Recuerdo, que el personaje principal, descubrió unos túneles a través de los cuales encontró una ciudad al aire libre donde los humanos se habían id reproduciendo con normalidad y no usando la ingeniería genética. La novela se llama "La Ciudad y las Estrellas" y recomiendo su lectura.

 En el fondo, uno no puede dejar de observar fenómenos astronómicos interesantes, muchos inesperados, objetos maravillosos que hacen que disfrutemos con su belleza y momentos de calma con el Universo. Además, hay gente ahí fuera que también quiere conocer el cielo y al que no le podemos transmitir el miedo a observarlo aunque sea saliendo a una cúpula naranja y brillante que es en lo que se han convertido los cielos de nuestras ciudades. Esto no significa que sea un blog estricto sobre Astronomía Urbana (aunque la descripción del blog lo indique), pero sí que van  a tener mayor peso las observaciones realizadas desde la ciudad que las que han sido hechas desde el campo.

Se me ha ocurrido escudriñar el cielo de la ciudad con instrumentos modestos e intentar trasmitir la pasión que tengo por la Astronomía a aquellas personas que ahora empiezan o quieren empezar .Voy a procurar sacarlos de la cúpula para que su fascinación por las estrellas llegue a algún lugar al aire libre donde se observen con normalidad, sin ingenierías, como eran antes de que la luz lo impregnara todo. Si lo consigo, en uno solo de los lectores, como el protagonista de La Ciudad y las Estrellas, mi desesperación habrá desaparecido. 

Disfrutemos de los cielos y no dejemos de observar. Las estrellas están ahí para que nos maravillemos de su belleza por muchos obstáculos que aparezcan en nuestro camino.