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domingo, 22 de diciembre de 2013

10 Libros de Astronomía para Empezar

Os presento una breve lista de diez libros apropiados para el que se inicia en la observación astronómica y de paso por si alguien se anima, regalárselo a ese nuevo astrónomo aficionado que conocemos o sencillamente autorregalarnoslo. Hay muchísimos libros para empezar, muchísimos, pero he decidido elegir diez que me parecen buenos a modo de sugerencia. No los he colocado por orden de importancia, salvo el primero, por cariño y respeto al autor y maestro.

Por lo demás, si has leído algún título que te pareció bueno, compártelo con nosotros escribiendo un comentario. Te lo agradeceremos. Ahí va la lista.




1.- GUÍA DEL FIRMAMENTO. José Luis Comellas. ed. Rialp, 2013. 9ª Edición. (35,00 €)

Creo que no exagero si digo que este libro es el de cabecera de muchos, muchísimos aficionados a la Astronomía. El libro ofrece la descripción casi 5000 objetos (creo recordar) que pueden observarse con un instrumento de tamaño mediano. Las descripciones de los objetos son de gran ayuda así como muchos datos incluídos en el libro. José Luis Comellas ha sido un observador incansable y ha colocado en sus páginas una labor realizada durante años.

La nueva edición es de pasta blanda y más económica, conteniendo fenómenos astronómicos actualizados hasta el año 2020 e importantes efemérides hasta final de siglo.  



2.- GUÍA DEL CIELO 2014. Pedro Velasco y Telmo Fernández.  Espasa. 2013 (10,90 €)



El libro es un pequeño compendio de los fenómenos astronómicos más destacados que tendrán lugar en el año 2014. Además de  mapas celestes mensuales, incorpora las efemérides del mes y explicaciones de interés sobre conceptos astronómicos básicos.

Ya llevan varios años editando esta guía que personalmente recomiendo a cualquier aficionado, principiante o avanzado.






3.- GUÍA CELESTE MENSUAL. Ian Ridpath.  Cambridge University Press. 2003 (26,40 €)



El libro muestra los diferentes objetos astronómicos que pueden observarse cada mes. Normalmente visibles con instrumentos modestos. Incorpora también unas cartas celestes mensuales y unas cartas de localización de algunos de los objetos sugeridos para su observación.

Está más destinado a observadores del hemisferio Norte y para el observador principiante le puede venir muy bien para empezar a reconocer constelaciones y objetos.




4.- GUÍA DE CAMPO DE LAS ESTRELLAS Y PLANETAS. Jay M. Passachof. Omega, 2002 (53,00 €)


Otro fantástico libro con múltiples explicaciones sobre que objetos celestes ver y cómo. Además de las propias explicaciones iniciales, el libro trae una sucesión de cartas celestes acompañadas del texto que indica los cuerpos celestes que ver en ellas. Contiene numerosas tablas con estrellas variables, dobles, objetos de cielo profundo,... Incorpora mapas de los principales planetas y una secuencia de 8 mapas cartográficos de la Luna con la explicación de qué accidentes ver en cada uno de ellos. Mantengo un buen recuerdo de hace muchos años cuando seguí sus instrucciones para observar la Luna. El incoveniente que le veo es que vienen efemérides hasta el 2010, por tanto muy retrasadas. Personalmente no he podido encontrar una edición actualizada del libro.


4.- DESCUBRIR LA LUNA: MÁS DE 300 LOCALIZACIONES LUNARES. VVAA. Larousse, 2007. 144 pp. (12 €)

Reconozco que este libro es uno de mis favoritos sobre la Luna. Lo recomiendo especialmente, no solo ya para el aficionado que ahora empieza sino también para el que quiera profundizar en la observación de los accidentes lunares. Comienza con una breve descripción de los accidentes lunares e instrucciones para observarlos y fotografiarlos. A continuación dedica, noche por noche, a indicarnos qué podemos observar en la Luna, siempre acompañado de dos fotografías, una tal y como se vería con un telescopio refractor y otra como se vería con un reflector. Asi las catorce noches de la Luna Nueva a la Luna Llena. Trae también un mapa separado con la cara visible de la Luna. El libro, para mi gusto, es excelente y muy útil.



5.- ATLAS DEL CIELO NOCTURNO. Storm Dunlop. Ediciones Akal, 2008. 224 páginas. (19,95 €)


Aunque se inicia con una breve explicación sobre los objetos observables y algunos conceptos astronómicos básicos, éste libro es un pequeño atlas del cielo con unos mapas estelares muy buenos elaborados por el prestigioso Will Tirion. Inicialmente son 20 cartas estelares que llegan hasta la magnitud 6.5 y luego detalla las constelaciones con mapas de hasta la magnitud 7.5 y describiendo los objetos que pueden observarse en ellas. A continuación presenta una serie de 16 mapas lunares dibujados por uno de los mejores selenógrafos del mundo, Antonin Rükl. Finalmente acaba con detalles sobre la observación planetaria, (con posiciones de los mismos hasta el 2012...) Lo recomiendo como primer atlas del cielo.



6.- APRENDER ASTRONOMÍA CON 100 EJERCICIOS PRÁCTICOS. Jordi Lopesino. Marcombo, 2013. (214 pp). (17,40 €)

Un buen libro recién sacadito del horno. Se trata de una colección de 100 temas que van desde puntos más básicos hasta algunos más avanzados. Está escrito con rigor y sencillez por un astrónomo aficionado con bastante experiencia.

De forma sencilla y básica, el libro acorda la observación visual, con instrumentos ópticos, la astrofotografía, software... Y hablando de software, el libro incluye al final un CD con programas muy útiles para el aficionado como Stellarium, Cartas del Cielo, una guía rápida de cielo profundo y un excepcional de Atlas realizado por otro aficinoado José Ramón Torres. Desde luego lo aconsejo para todo aquel que se inicia.


7.- OBSERVAR EL CIELO A SIMPLE VISTA O CON PRISMÁTICOS. P. Bourge & J. Lacroux. Ed. Larousse. 144 pp. (12€)


Pertenece a las Guías de Astronomía Larousse al igual que he presentado antes sobre "Descubrir la Luna". La colección incorpora varios títulos interesantes y los libros están repleto de datos prácticos. Yo aconsejo cualquier título en función del grado de conocimiento que tengamos de Astronomía: "Observar el cielo desde la ciudad"; "Observar las constelaciones a Simple Vista"; "Observar Marte", etc.

En éste libro podemos comenzar a recorrer el cielo, y algunos objetos del mismo, con nuestros prismáticos. No es tan detallada como la posterior de Reynolds pero puede servir de base antes de pasar a él.



8.- OBSERVACIÓN ASTRONÓMICA CON PRISMÁTICOS. Mike D. Reynolds. Ediciones Tutor, 2006. 236 pp. (15,00 €)

Éste libro es idóneo para el que acaba de adquirir unos prismáticos y quiere comenzar a observar el cielo con ellos. El libro se iniciaa con una introducción a la historia y funcionamiento de los prismáticos para, posteriormente, repasar algunos métodos de observación.

La "segunda" parte del libro trata sobre los objetos que pueden ser observados según la estación del año en la cual nos encontramos y bien diferenciados por constelación. Muchos de esos objetos son visibles desde la ciudad y el resto pueden ser observados desde zonas no contaminadas. Destaca cuales son más fáciles de observar y los que constituyen un reto.  Un buen libro sin duda.



9.-  BREVE HISTORIA DE LA ASTRONOMÍA. Ángel R. Cardona. Ed. nowylus. 2013 288pp. (13,95 €)

No todo va a ser observar. Como decía el gran astrónomo español José Comás-Solá, el conocimiento de una ciencia es incompleto si no se conoce su historia.  A mi éste libro me ha encantado, repasa la historia de la Astronomía desde las primeras culturas hasta nuestros días e incluso hace un repaso por el futuro de nuestra ciencia.

Pertenece a una colección llamada "Breve Historia" que la editorial ha puesto en marcha y, su lectura, además de amena nos hará profundizar en la Astronomía usando el maravilloso cauce de la historia sin dejar de ahondar en ella usando términos físicos y químicos apropiados para ello. Totalmente aconsejable.


10.- COSMOS. Carl Sagan. Editorial Planeta 2004.  368 pp. (36,00 €)

Si hablo sobre este libro aquí es porque a él y a la serie que se hizo de él le debo muchísimo. Pero no solo yo, muchísimos aficionados que conozco. Incorporarlo aquí es porque lo creo totalmente necesario, no sólo por las enseñanzas astronómicas que incorpora y por la belleza de los pasajes históricos de éste exhuberante libro sino por la ética que lleva oculta.

La magistral obra del grandísimo divulgador Carl Sagan es absolutamente aconsejable y debe permanecer en cualquier biblioteca que se precie, sea astronómica o no. Desde luego el libro, y la serie es para dedicarles muchas entradas en un blog. Si necesitas hacer un regalo a alguien que adore la Astronomía, aquí tiene uno del que no te arrepentirás.




domingo, 1 de diciembre de 2013

Midiendo ángulos en el cielo

COORDENADAS CELESTES

Al igual que en la Tierra usamos los paralelos para medir la latitud y los meridianos para medir la longitud, el cielo tiene su propio sistema de coordenadas para referenciar posiciones en él: el sistema de coordenadas ecuatoriales. Al igual que el plano del ecuador terrestre divide por igual a los dos hemisferios, el sistema de coordenadas ecuatoriales también dispone de un plano ecuatorial pero esta vez referido a las estrellas. Este ecuador celeste es la proyección del ecuador terrestre a la esfera celeste.

Extraído de http://perso.wanadoo.es/pacolamoile/

En el cielo la latitud terrestre se correspondería con la Declinación y la longitud con la Ascensión Recta. La Declinación mide la altura sobre el ecuador celeste de una estrella y se representa por la letra griega Delta y también se escribe DEC. Si está por encima del ecuador celeste será positivo y si está por debajo negativo. Lógicamente la escala va desde Oº a 90º en el hemisferio norte celeste y de 0º a -90º en el hemisferio sur celeste.

El otro parámetro, la Ascensión Recta, equivaldría a la longitud terrestre pero no se mide en grados sino en horas, minutos y segundos y se representa por la letra griega Alfa o también por AR (RA en inglés). La conversión de horas a grados es fácil. Veamos. Como la Tierra gira completando sus 360 grados en 24 horas, 1 hora equivaldría a 360/24 = 15º aproximadamente. Así pues, ya sabemos que cualquier estrella está posicionada en el cielo con unas coordenadas bien definidas. El origen de la coordenada Ascensión Recta se da en un punto llamado Punto Vernal o de Aries y es el punto en el que el Sol pasa del hemisferio sur terrestre al norte lo cual ocurre en el equinoccio de primavera el 21 de marzo. En dicho punto también es cero la declinación.

Por ejemplo, aquí os pongo algunas coordenadas de estrellas brillantes propias del cielo visible en otoño e invierno:

Vega: AR: 18h 36m 56s - DEC: +38º 47´01" 
Deneb: AR: 20h 41m 25s - DEC: +45º 16´ 49"
Polar: AR: 02h 35m 34s - DEC: +89º16´49"
Rigel: AR: 05h 14m 02s - DEC: -08º 12´ 06" 


En cualquier carta estelar o mapa de algún libro siempre veremos referenciadas estas coordenadas en una cuadrícula, normalmente la Ascensión Recta en el eje de de abcisas y la Declinación en el de ordenadas, junto a un número que suele ser 2000.0 Pese a que las estrellas no varían durante largos períodos de tiempo de posición, los movimientos de precesión de los equinoccios y la nutación pueden variar las coordenadas ligeramente. De manera que las coordenadas se muestran referidas a algún equinoccio, en la actualidad todas las coordenadas se refieren al Equinoccio 2000 (también conocido como Época).

CON LOS DEDOS DE UNA MANO

En la Astronomía la medición de distancias aparentes en el cielo se hace en grados. De ésta forma la distancia existente entre el horizonte y el punto más alto del cielo (cenit) es de 90º. También, la distancia entre un punto del horizonte y el diametralmente opuesto es de 180º.  Por ejemplo: La Luna, al igual que el Sol, mide de promedio, medio grado (treinta minutos de arco) y el asterismo conocido como “El Carro” de la constelación de la Osa Mayor mide unos 25 grados aproximadamente. El ojo humano puede resolver (discernir) un minuto de arco como mínimo. Debemos saber que significa que un objeto celeste esté a 3 grados y 30 minutos al este de otro o que dos estrellas estén separadas 40 segundos de arco. Es importante hacer notar que no existe ninguna equivalencia entre ángulos y distancias en el cielo. Todo son posiciones aparentes.

Los aficionados a la Astronomía pueden medir  distancias angulares de una manera algo tosca pero sin duda aproximada y que nos servirá para aprender a reconocer el cielo. El método es muy sencillo. Consiste en extender nuestro brazo hacia el cielo. Pues bien, una vez así, si abrimos la mano entera, la extensión de cielo que ocupamos con la mano de dedo pulgar  a meñique sería de unos 20 grados y la extensión cubierta por el puño unos 10 grados.

En el gráfico inferior pueden observarse en distintas posiciones de la mano y la extensión del cielo que ocupan aproximadamente. La medida no es exacta pero sí aproximada y útil para los fines requeridos en la observación visual del cielo.



Puedes probar a hacer tus propias pruebas y mediciones empleando algunos pares de estrellas. Propongo algunas mediciones que en ésta época del año son fáciles de realizar:

- Entre Alfa Lyr (Vega) y Alfa Cyg (Deneb): 24 grados aprox.
- Entre Alfa Tau (Aldebarán) y Alfa Aur (Capella): 31 grados aprox.
- Entre Alpha Ori (Betelgeuse) y Alfa Tau (Aldebarán): 21 grados aprox.
- Entre la Polar y el horizonte: 37 grados aprox.


CON UNOS BINOCULARES O UN TELESCOPIO

Normalmente los binoculares (o prismáticos) incorporan una cifra junto a uno de los oculares en la que también se dan sus especificaciones. Así en los prismáticos de la figura el campo es de 7.3 grados: casi 15 veces el diámetro de la Luna . En el caso de un telescopio, dependiendo del ocular que le pongamos al mismo tendremos más o menos campo de visión. Si le incorporamos un ocular de pequeña distancia focal, por ejemplo de 4 mm (muy útil para estrellas dobles y planetas) el campo será menor que si usamos uno de 40 mm (idóneo para objetos de cielo profundo). A mi particularmente me encantan los instrumentos que ofrecen grandes campos.

Una manera no exacta pero si aproximada para saber qué campo angular nos ofrece nuestro instrumento es medir el tiempo en que una estrella recorre todo el "diámetro" de nuestro ocular. Para ello elegiremos una estrella que tenga una declinación cercana a los 0º, por ejemplo Betelgeuse, la estrella Alfa Orionis. Pues bien la situamos en el borde del ocular y cronometramos el tiempo que tarda en cruzarlo. Una vez obtenido el tiempo en segundos lo dividiremos entre cuatro y obtendremos el resultado en minutos de campo. Por ejemplo, si usamos un pequeño refractor de 70 mm con un ocular de 10 mm y medimos que la estrella tarda en pasar 100 segundos, entonces ralizaremos: 100/4 = 25 minutos de arco de campo angular visual.

Es interesante saber qué campo de observación vamos a disponer pues los objetos celestes tienen tamaños diferentes y en función de ellos podremos elegir el instrumental más adecuado para observarlos.

Ya sabemos medir ángulos en el cielo y el brillo de las estrellas aunque sea de forma aproximada. Ya es momento de ir explorando el cielo con más detalle, y ese es el verdadero objetivo de este blog. ¡No perdamos la oportunidad de disfrutar del maravillo espectáculo que nos ofrece el firmamento!


martes, 26 de noviembre de 2013

Midiendo el brillo de las estrellas.

LA MAGNITUD DE LAS ESTRELLAS

Hiparco de Nicea
Si algo empieza por llamarnos la atención cuando nos iniciamos en la observación del cielo es el brillo y el color de las estrellas. Evidentemente una primera visión del cielo nos muestra que hay unas estrellas más brillantes que otras, algo que ya cuantificaron primeramente los griegos en la persona del astrónomo Hiparco de Nicea hacia el 150 a.C. Éste espléndido sabio griego clasificó el brillo de las estrellas en seis grados o magnitudes como se conoce al término en Astronomía. El brillo de las estrellas se mide en magnitudes. De modo que las primeras estrellas que aparecían tras la puesta del Sol las clasificó como de primera magnitud, aquellas que brillaran como la mitad de estas de segunda magnitud y las estrellas que estaban en el límite de la percepción visual las asignó como de sexta magnitud.

Ya avanzado el siglo XIX se trató de medir más seriamente el brillo de las estrellas,  se revisó el concepto de magnitud y se establecieron algunas estrellas de referencia a partir de las cuales se pudieran medir el brillo de las demás. Se comprobó que las estrellas de primera magnitud eran unas 100 veces más brillantes que las de sexta, o dicho de otra forma, las de primera magnitud brillaban como 2,5 veces más que las de segunda; las de segunda otras 2,5 veces más que las de tercera y así sucesivamente. 

Si nos fijamos, a medida que el brillo de una estrella aumenta, la magnitud disminuye. En el campo, en una noche clara y dependiendo del lugar, las estrellas más débiles visibles a simple vista son de la magnitud quinta o sexta, mientras que siempre observaremos las de primera o segunda magnitud incluso desde la ciudad. Pero llega un momento en que algunas estrellas, planetas u otros cuerpos celestes adquieren magnitudes negativas. Por ejemplo, el planeta Venus alcanza la magnitud -4,4; Júpiter  -2,6 o la estrella más brillante que podemos observar en el firmamento, Sirius, alcanza la magnitud -1,5. Esto es, las magnitudes son términos cuantitativos que también incorporan decimales de forma que con instrumentos adecuados se consigue una precisión de 0,01 magnitudes (una centésima) y el ojo humano bien entrenado puede llegar a observar diferencias de magnitud en torno a 0,1 (una décima de magnitud). Como vemos la magnitud no tiene unidades.

El concepto de magnitud lo entendemos como magnitud aparente lo que significa que es el brillo que muestra la estrella en el cielo pero no es su magnitud absoluta. Esta última, sería  con la que brillaría la estrella desde una distancia fija. En concreto desde 32,6 añosluz  pero esto, como el color de las estrellas, es otra historia.

También los registros actuales de magnitud se refieren al obtenido tras colocar a un fotómetro un filtro amarillo conocido como V que deja pasar la longitud de onda parecida a la que se percibe visualmente. Existen también la magnitud de las estrellas en azul y rojo e incluso en ultravioleta o infrarrojo. Pero para los propósitos prácticos cuando consultemos en los catálogos, la magnitud ofrecida en V podremos estimarla como la correspondiente a la que podemos observar en el rango del espectro visual.

LOS OBJETOS MÁS BRILLANTES DEL CIELO

La lista que se expone a continuación muestra los objetos más brillantes del cielo. Obviamente todos ellos son visibles desde la ciudad. En gris claro están las estrellas que no son visibles desde el hemisferio norte.


Aquellos objetos a los que le acompaña la palabra "var" a la magnitud es porque son estrellas variables de las que ya hablaremos más adelante.

CÓMO PODEMOS MEDIR LA MAGNITUD APARENTE DE UNA ESTRELLA

Existe un método a través del cual los aficionados suelen medir visualmente la magnitud de las estrellas. Es actualmente muy usado por los observadores de estrellas variables y a pesar de contener una moderada dosis de subjetividad ha dado muy buenos resultados durante años. De hecho, hasta la aparición de los fotómetros y los sensores CCD la estimación de las magnitud de las estrellas -en especial los trabajos realizados con estrellas variables- se hacían usando solo el método conocido como método de Argelander. Actualmente se sigue usando pero debemos ser conscientes que no se adquiere la precisión que se obtiene con un instrumental adecuado, de cualquier forma suele ser validado por entidades dedicadas a la observación de estrellas variables.

Curva de luz de la variable T Cephei obtenida por observadores de la Asociación Americana de Observadores de Estrellas Variables (AAVSO) usando el método de Argelander. (AAVSO)

Éste método fue desarrollado por el astrónomo alemán Friedrich Wilhelm August Argelander (1799-1875) hacia 1843 y lo usó para un catálogo de 22 estrellas variables que publicó en 1850. (Las estrellas variables son aquellas estrellas cuyo brillo no se mantiene constante con el tiempo y de ella vamos a hablar muy pronto en éste blog). El método es muy fácil y consiste básicamente en una interpolación. Consiste en los siguiente:


Seleccionamos dos estrellas de magnitud conocida, una de mayor brillo que la que queramos medir (estrella A) y otra de menor brillo que ella (estrella B). Una vez tenemos el par seleccionado, a continuación compararemos la más brillante con la estrella cuyo brillo desconocemos, y posteriormente, haremos lo mismo con la de menor brillo. Las comparaciones se harán asignándole unos grados definidos de la siguiente forma:

  • GRADO 1: Aparentemente las estrellas son iguales de brillo. Tras una observación exhaustiva no vemos diferencia alguna pero por unos instantes observamos que una estrella es más brillante que la otra.
  • GRADO 2: Al primer golpe de vista las dos estrellas resultan iguales pero cuando proseguimos la observación vemos claramente que una estrella es más brillante que otra.
  • GRADO 3: Una estrella es ligeramente más brillante que otra desde el primer golpe de vista.
  • GRADO 4: La diferencia de brillo entre las dos estrellas a comparar resulta notable.
  • GRADO 5: La diferencia de brillo entre las dos estrellas es exagerada o muy exagerada.
A esta relación podría añadirse el grado 0 que se aplicaría en el momento en el que no apreciáramos NINGUNA diferencia de brillo entre las estrellas a comparar pese a haberlo observado a las estrellas tras un detenido examen. Muchos observadores también aplican grados intermedios (a excepción del 0,5) pero para nuestros propósitos básicos la observación la haremos, ahora, usando grados enteros.

Ejemplo del Cálculo de la Magnitud

En una medición cualquiera podríamos tener una expresión así: A(3) V (2) B que significaría que la estrella A es tres grados más brillantes que la estrella de la que queremos obtener el brillo quien, a su vez, es dos grados más brillante que la estrella más débil elegida. Esta expresión recibe el nombre de comparación.


A continuación, llamaremos ma a la magnitud conocida de la estrella más brillante (que vamos a suponer de magnitud 3,2) y mb a la de magnitud más débil (supongamos de magnitud 3,8) y aplicaremos la sencilla expresión matemática siguiente:

Ejemplo y fórmula para calcular la magnitud  (FRB)

Si aplicamos los cálculos obtendremos que: mV = 3.2 + (3.8 - 3.2) · (3/5) = 3,56 = 3.6. Según la comparación entre estrellas que hemos observado, la magnitud que le hemos encontrado a la estrella es de 3.6.

¡Una propuesta de observación!


En estas fechas de finales de otoño la constelación de Casiopea brilla alta sobre el horizonte norte. Adopta un aspecto semejante al del número 3 dejándose caer hasta parecer una "M". Intentemos determinar la magnitud de la estrella señalada como V a través de las estrellas A y B (en amarillo) cuyas magnitudes son conocidas y tienen como 2.2 y 3.4 respectívamente. ¿Serías capaz de escribir un comentario con la magnitud calculada?





Si no localizas a la constelación, siempre puedes usar las cartas mensuales en pdf que he colocado varias entradas atrás y que nos servirán durante mucho tiempo. ¡Observemos el cielo, no nos defraudará!

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Preparando la Observación Astronómica

PREPARANDO LA OBSERVACIÓN

Iniciarse en la exploración de la bóveda celeste y preparar una sesión de observación astronómica no es un asunto baladí. La ventaja de estar observando desde la ciudad es que, al poder subir a la azotea o salir a nuestro patio, haremos más noches de Astronomía, podremos llevar a cabo más programas de observación  y podemos hacer más eficiente a nuestro pequeño telescopio o a nuestros prismáticos por un mayor uso de los mismos pero, claramente, en contrapartida, perderemos mucha calidad del cielo que si estuviésemos observando desde el campo, la montaña o cualquier zona alejada de los núcleos residenciales. De cualquier forma hay detalles logísticos que no debemos dejar atrás. Ya observemos en casa o en el campo.

El salir a cielo raso comporta que debamos ir preparados para proteger nuestro cuerpo del frío o la humedad del invierno, o de los insectos en verano, o incluso del viento. Existen una serie de de elementos básicos que no debemos olvidar. El primero de ellos es la ropa. Incluso en verano la temperatura puede bajar hasta el punto de sentirnos incómodos, por lo tanto debemos ir bien abrigados. Algo esencial es prepararse bien los pies y la cabeza pues por ambos sitios la pérdida de calor es importante, esta protección es fundamental  durante las noches invernales. En ocasiones el frío, unido al viento, es intenso y si vamos a pasar algunas horas al raso el ir protegidos nos evitará cualquier problema de salud posterior. Si la noche de observación va a ser larga siempre podremos preparar, previamente, nuestros caldos o café para hacer más soportable la noche tratando de evitar el alcohol.

Si vamos a irnos al campo a observar, durante el día debemos buscar un lugar apropiado para la observación buscando lugares oscuros pero si lo hacemos desde la ciudad procuraremos que esté alejado de fuentes de luz indirectas : farolas, ventanas iluminadas, etc. Desde la ciudad es recomendable esperar  a que la noche sea bien oscura. Yo suelo esperar también a que se apaguen las luces de los monumentos y en ocasiones observo antes del amanecer donde el cielo está más limpio y oscuro pero entiendo que no siempre se puede hacer así ni siempre es útil. Sea cual sea el lugar de observación debemos llevar nuestras cartas estelares, un cuaderno de observaciones donde anotar nuestros registros, lápiz y goma si queremos dibujar y reloj para anotar la hora en la que hacemos nuestras observaciones.

Antes de iniciar nuestras observaciones deberemos permanecer unos 20 minutos adaptándonos a la oscuridad, evitando reflejos y luces parásitas. Durante ese tiempo nuestra pupila se dilatará hasta lo máximo posible (dependiendo de la edad y de la oscuridad del lugar). Si encendiéramos alguna luz nuestra pupila se contraería y habríamos perdido dicha adaptación. Por todo esto, para anotar nuestras observaciones o para guiarnos usaremos una linterna que ofrezca una luz tenue de color  ROJO. Esta coloración además de evitar que perdamos la adaptación a la oscuridad evitará molestias en caso de que estemos realizando fotografía del cielo. Puede hacerse fácilmente poniendo papel de celofán rojo sobre la linterna que dispongamos.

Ya con todo preparado empecemos contemplando el cielo y disfrutando de él. ¡Anote todo lo que vea en un cuaderno de observaciones! Al cabo del tiempo le será muy útil además de un extraordinario recuerdo.


CARTAS DEL CIELO, ¿POR DÓNDE EMPIEZO?

Existen magníficos programas gratuitos como Cartes du Ciel o el ya nombrado en estas páginas Stellarium que nos ayudarán a organizar y planificar nuestras observaciones. Ya los iremos comentando. Pero si subimos a nuestra azotea o salimos a nuestro patio siempre necesitaremos alguna carta o planisferio celeste que nos ayude a reconocer las constelaciones en el cielo. Hay muchos y variados en el mercado y son instrumentos que nos muestran el cielo visible cualquier día y hora del año. Realmente son útiles para todos los astrónomos aficionados. También existen muchas publicaciones en la red, libros, revistas especializadas en las que se publican estos planisferios o cartas estelares pero a efectos prácticos, y para que comencéis a observar, si no tenéis nada a mano os voy a recomendar éste enlace procedente de la prestigiosa revista americana Sky & Telescope que puede resultarnos práctico, en líneas generales. durante todo el año. Para este mes podremos imprimir la página 9 del enlace.

Si se observa desde la ciudad observaremos más fácilmente algunas constelaciones al reducirse el número de estrellas pero bien es cierto que algunas otras o partes de ellas desaparecerán y no serán reconocibles a simple vista. Comencemos por localizar a la estrella Polar la cual no sólo será necesaria para reconocer el norte sino que también puede servirnos como punto de partida para reconocer el resto de constelaciones. Obviamente es imprescindible saber donde está si queremos poner un telescopio en estación y hacer seguimiento con nuestra montura.


LOCALIZANDO LA ESTRELLA POLAR

Un truco muy conocido es empezar buscando la siempre presente Osa Mayor, con su conocido asterismo en forma de cuchara conocido como el Gran Carro. Pues bien una vez la tenemos localizada, prolongaremos cinco veces la distancia entre las dos estrellas superiores de la Osa Mayor hacia la izquierda en invierno (o inferiores y hacia la derecha en verano) y llegaremos a la Polar, una estrella brillante aunque no demasiado. Comprobaremos si hemos acertado si vemos una constelación gemela pero más débil a la Osa Mayor, se trata de la Osa Menor. La Osa Menor es visible completamente en el campo en la ciudad se perciben y las dos estrellas finales de su carro llamada "guardas". Una vez que sabemos donde está la estrella Polar tendremos localizado perfectamente el Norte y a partir de ahí podremos ir localizando las constelaciones en cualquier época del año.

Otro método si el cielo es realmente pésimo es el uso de una pequeña brújula para localizar el Norte y una vez determinado dicho punto la estrella Polar se encontrará a unos 40 grados de altura sobre el horizonte, unos dos palmos de la mano proyectados con el brazo extendido. Pero creo que en esas condiciones la observación astronómica no es viable...

Una vez que conocemos la Polar podemos usar nuestras cartas celestes para ir descubriendo otras constelaciones e ir adentrándonos en el conocimiento del cielo.