martes, 14 de enero de 2014

Tycho Brahe: El hombre que no vivió en vano (I)

1.- TYCHO

Terrible, Maravilloso, Loco, Perfecto
Tycho (o Tyge) Brahe nació el 14 de diciembre de 1546 en Knudstrup, Escania; hoy Suecia pero entonces perteneciente a Dinamarca. Hijo del gobernador del castillo de Helsingborg, fue apadrinado por su tío Joergen el cual era un gran terrateniente y vicealmirante que había mostrado a su hermano sus deseos de apradinar uno de sus hijos, cuando los tuviera, y adoptarlo hasta el punto de considerarlo como hijo suyo. El gobernador le prometió a su hermano que así sería pero un incidente vino a postergar la promesa. La madre de Tycho Brahe dio luz a gemelos, pero uno de ellos murió. Así, y como era de esperar, la situación cambió, y no fue hasta que Brahe tuvo un hermano cuando pasó a ser adoptado por su influyente y acaudalado tío.

En 1559 fue enviado a la Universidad de Copenhague, Dinamarca, para iniciar su educación. Estudió  primeramente Derecho y Filosofía como correspondía en esos tiempos a su condición nobiliaria y como procedía para acceder a sus futuros cargos estatales. Todo iba bien, con un futuro prometedor y resuelto. Hasta que un suceso vino a cambiarle su orientación y visión de la vida.

El eclipse de Brahe
El 21 de agosto de 1560 Tycho Brahe observó un eclipse de Sol que le dejó completamente  admirado. El muchacho, que no había cumplido los catorce años, acababa de sentir que los sucesos astronómicos le habían despertado un tremendo interés. La observación del fenómeno celeste le había resultado realmente maravillosa. Apasionante. Fue entonces cuando comenzó a adquirir libros sobre Astronomía, leyendo apasionadamente, y de manera particular, a Tolomeo. No obstante, los estudios había que continuarlos y dos años más tarde fue enviado por su tío a estudiar a la Universidad de Leipizg. (Como curiosidad la línea de totalidad del eclipse pasó, exactamente, por Andalucía).

Su tío Joergen observaba que la afición a la Astronomía de su sobrino tendía a alejarle del verdadero cometido nobiliario. La Astronomía no era una profesión adecuada para un noble así que le puso bajo la tutoría de Anders Vedel quien, a la sazón, era uno de los grandes historiadores daneses. Para desgracia de su tío y para bien de la Ciencia, el muchacho no dejaría su pasión por la Astronomía en ningún momento y Vedel desistió de la vigilancia encomendada un año después.

En agosto de 1563, cuando tenía dieciséis años, Tycho volvió a observar otro fenómeno celeste que le dejó perplejo. Esta vez se trató de una conjunción entre Saturno y Júpiter. El fenómeno no tendría más trascendencia sino fuera porque se dio cuenta de que las tablas alfonsinas -las vigentes por entonces- predecían el acontecimiento con un mes de retraso. Fue entonces cuando el joven decidió definitivamente su futuro dando un paso importantísimo comprobando de inmediato que había que realizar las observaciones con muy buena precisión, mejorando todas las que hasta entonces se habían realizado. Para ello debían usarse instrumentos lo suficientemente exactos como para realizar éstas observaciones y así corregir las tablas astronómicas de su tiempo. Si Tycho no descubrió nada, ya con darse cuenta de la falta de precisión que existía en las observaciones, lo descubrió todo. Con el tiempo el gran astrónomo danés se convirtió en un fanático por la exactitud. 

Es indudable que todas las conclusiones que sacaba de sus propias observaciones le hacían pensar, y mucho. No concordaban con el sistema en el que siempre creyó.  Pensó en un nuevo concepto cosmológico a medio camino entre el sistema geocéntrico y el  heliocéntrico. Según éste, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno girarían alrededor del Sol, y éste. a su vez, giraba, con toda la corte planetaria, alrededor de la Tierra. Sistemas similares se  habían propuesto por Reymers Bear, latinizado como Ursus, (al que Brahe le acusó en 1588 de haberle robado sus teorías en una visita que hizo a Hven en 1584), y también por un tal Helisaeus Roeslin. 


Tycho prosiguió sus estudios en distintas universidades, pasó por Wittenberg, Rostock, Basilea y Ausburgo. Aumentaba constantemente su colección de instrumentos astronómicos así como sus conocimientos matemáticos. En 1565, durante su época universitaria, se batió en duelo con un joven danés como consecuencia de una riña que, supuestamente, tuvieron por saber quien sabía más sobre Matemáticas. El tiempo probablemente le dio la razón al astrónomo pero también le marcó con el puente de la nariz rota, puente que hubo que sustituir con una placa de metal y que continuamente necesitaba untar con un ungüento. Este episodio de la historia parece contener, no obstante, cierto aire legendario.


2.- LA NUEVA ESTRELLA

Posición de la Supernova de Tycho (señalada como I)
Tras acabar sus estudios Tycho regresó a su Dinamarca natal. El 11 de noviembre de 1572 volvía del taller de alquimia de su tío y en el camino hizo algo que muchos de los aficionados a la Astronomía hemos hecho en más de una ocasión: lanzar una mirada al cielo. Quedó fascinado. Observó en la constelación de Casiopea una estrella muy brillante, incluso superaba el brillo del planeta Venus. Estaba asombrado; no se lo creía. Para superar su incredulidad llamó a varios campesinos para que certificaran que su observación no era una ilusión. La inmutabilidad de los cielos propuesta por Aristóteles indicaba que todo los cambios que ocurrían en el cielo se producían a partir de la esfera inmediatamente inferior a la Luna y eran considerados pues como fenómenos meteorológicos. Esta doctrina llevaba siglos imponiéndose y por tanto una estrella nueva en el cielo resultaba, cuanto menos, incómoda. De hecho, Plinio, en su Historia Natural , nos cuenta que Hiparco -otro grandísimo observador ya comentado en el blog- vio un suceso similar en el año 125 a.C., pero, como correspondía a la doctrina aristotélica, fue considerado como un suceso atmosférico y no tuvo mayor trascendencia. Pero en el caso de Tycho no iba a querer la Historia de la Ciencia que fuera así. 

Preciso Sextante de Tycho
Los astrónomos de la época, encabezados por Brahe, creyeron que las líneas de investigación a seguir debían seguir dos rumbos, por un lado observar si la estrella se movía y por otro intentar calcular su distancia. No estaba mal planteado si nos paramos a pensar. Observadores como Michael Maestlin (antiguo profesor de Kepler y también citado ya en el blog por su extraordinaria vista) y Thomas Digges usaron hilos de tela para demostrar que la estrella no se movía. Brahe, en cambio, usó un preciso sextante siguiendo la búsqueda de datos exactos consecuencia de sus observaciones de años atrás. Tycho llegó a la misma conclusión. Además, durante el año y medio que la estrella fue visible en los cielos intentó calcular la distancia por el método del paralaje (un método que usa la trigonometría para el cálculo de las distancias) y comprobó que la estrella no mostraba paralaje alguno formando parte, por consiguiente, de las estrellas fijas.

La estrella se había convertido, tras la admiración, en un problema: ni se movía ni estaba cerca. Tycho no
solo acababa de descubrir una supernova (de la que hoy podemos ver sus residuos) sino que le daba un mazazo tremendo a toda la doctrina aristotélica. Fue entonces cuando Tycho comprendió que sus observaciones debían ser publicadas, aunque no era esto una tarea precisamente de nobles en aquella época y ni siquiera resultaba bien vista. No obstante el astrónomo lo consideró oportuno y publicó en 1573 un librito llamada "Nova Stella" en la que, además de indicar la inmovilidad de la nueva estrella, dio por primera vez el nombre de NOVA a este tipo de estrellas. El librito (que se puede descargar aquí en perfecto latín) se iniciaba con unas cartas introductorias, seguía con unos almanaques, unos diarios meteorológicos y astrológicos (sí, también Tycho se dedicó a esto), unos versos, y el resto, unas veintisiete páginas, contenían las explicaciones sobre la nueva estrella y los instrumentos utilizados para observarla. Tycho, "el fenix de la Astronomía", como le llamaba Kepler, se había convertido, pese a su juventud, en el astrónomo más importante de su tiempo. Y desde luego, no sin razón.

3.- URANIBURG 

Tycho tenía una aptitud nobiliaria curiosa. Como él mismo diría, su vida la hacía entre "caballos, perros y lujo" aunque esto pueda considerarse como una queja, la segunda parte de su vida transcurrió en el mismo ambiente pero agrandado con majestuosas comidas y grandes borracheras. Por otra parte, Tycho optó por una profesión no adecuada para un noble, la de astrónomo, desechando de ésta forma su futuro político y además, se casó con una campesina (para colmo sin pasar por el altar, un auténtico escándalo es esos tiempos). De todas formas su afán por realizar observaciones meticulosas no cesó ni un sólo momento y al final de su vida se comprobó que el camino elegido había sido el correcto.


Uraniborg
La Ciudad de Urania
Tres años después de la aparición de la nueva estrella Tycho tenía ya noticias de contar con la gracia del rey Federico II y con buena parte de la aristocracia danesa. Se dedicó a viajar -uno de sus placeres- para ver a sus amigos de Frankfurt, Basilea, Wittemberg, Venecia y Cassel. Precisamente en Cassel estaba instalado su amigo Guillermo IV, el landgrave del rey Federico II, quien también era astrónomo o, al menos, disponía de un observatorio astronómico en su ciudad. Fue precisamente el landgrave quien intercediera con el rey para que Tycho pudiera disponer de un observatorio adecuado. Federico II aceptó la oferta realizada por el landgrave y decidió ofrecerle varias zonas en las que Tycho pudiera asentarse pero éste, meticuloso como él mismo, no aceptó. De manera que decidió quedarse en Basilea, así que, ante la negativa del astrónomo, el monarca optó por entregarle una isla entera, el mando para gobernarla y una suma anual de dinero que se situaba entre las más altas de toda Dinamarca. La oferta era irresistible y Tycho aceptó marcharse a su nuevo lugar: la isla de Hven, situada entre Suecia y Dinamarca, y a la que posteriormente llamaría Uraniburg, la Ciudad de Urania.

Uraniburg debía ser un sueño. Un lugar para imbuirse en el Universo entre medio de un remanso de paz y estímulo. Tycho, como no podía ser de otra forma, se hizo con los servicios de un arquitecto alemán para realizar su excéntrica ciudad estelar. Veamos un relato que nos hace Arthur Koestler del impresionante observatorio:: 


 "[...] Fachada renacentista coronada con un domo en forma de cebolla  flanqueada por torres cilíndricas, cada una de ellas con un techo móvil que albergaba los instrumentos de Tycho, y rodeada por galería de relojes, cuadrantes solares, globos y figuras alegóricas. En el sótano se hallaba la prensa de imprimir de Tycho, abastecida por su propio molino de papel, su horno de  alquimista, y una prisión particular para arrendatarios indóciles."



Vista "aérea" de Uraniborg
Fue una construcción costosísima en la que hoy día se me ocurre que sólo faltaría Dalí para adornar con lienzos surrealistas las paredes del observatorio. Disponía en el interior de su biblioteca de una esfera de un metro y medio de diámetro en la que iba grabando cada una de las estrellas con una precisión incalculable para la época. De hecho, Tycho realizó un catálogo indicando las posiciones precisas de 777 estrellas, añadiendo posteriormente 293 estrellas -no tan precisas- con las que conseguía un catálogo de 1000 estrellas, un número redondo. Más tarde, embarcado en su excentricidad, Tycho construyó otro observatorio. Esta vez subterráneo al que llamó Stjoerneburg, la ciudad estrella, con el que protegería a sus instrumentos de las vibraciones que causaba el viento.

El Gran Cometa de 1577 (George Jacob Daschitzky)
Una vez instalado en su observatorio, Tycho observaba todo lo que podía. Vigilaba el cielo constantemente.

En 1577 apareció un cometa en el cielo que le sirvió a para dar un nuevo golpe a la teoría aristotélica y, por añadidura, a él mismo: aún creía en la teoría geocéntrica de Tolomeo. Fue el Gran Cometa de 1577. Con sus instrumentos, que seguían siendo los mejores para la época y apoyado por su increíble agudeza visual, observó que la paralaje del cometa indicaba que estaba más de seis veces más distante que la Luna y, además, creyó en la posibilidad de que el cometa tuviera una órbita distinta a la circular algo que no cuadraba para nada con la concepción cosmológica que regía en aquellos tiempos y en la que él aún creía. Si la órbita del cometa era como él creía, el viaje que a través de dicha órbita emprendiera el cuerpo celeste destrozaría todas las esferas aristotélicas. Tenía que pensar una solución. El sistema en el que confiaba se revolvía contra él mismo. 

4.- EL NUEVO SISTEMA


En la faceta astronómica Tycho Brahe hizo multitud de observaciones astronómicas que le permitieron detectar que los movimientos lunares variaban, calculó la longitud de un año con un error que no llegaba a un segundo, y observó todos los movimientos planetarios. Por lo demás en la isla de Hven se sucedían todo tipo de visitas de aristócratas y gobernantes, en un devenir de grandes cenas, dispendios, todo tipo de lujos y con su bufón Jepp haciendo payasadas constantemente. En la sombra, los antiguos habitantes de Hven pasaron a ser tratados con mayor dureza a medida que pasaban los años desde la llegada del astrónomo a la isla. A veces cruelmente. Brahe llegó a tener acongojado hasta al propio rey Federico II del que se mofaba cada vez que creía oportuno y los efectos del alcohol hacían mella en él.  Entretanto, buscó las soluciones a su nuevo sistema.


Es indudable que todas las conclusiones que sacaba de sus propias observaciones le hacían pensar, y mucho. No concordaban con el sistema en el que siempre creyó.  Pensó en un nuevo concepto cosmológico a medio camino entre el sistema geocéntrico y el  heliocéntrico. Según éste, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno girarían alrededor del Sol, y éste. a su vez, giraba, con toda la corte planetaria, alrededor de la Tierra. Sistemas similares se  habían propuesto por Reymers Bear, latinizado como Ursus, (al que Brahe le acusó en 1588 de haberle robado sus teorías en una visita que hizo a Hven en 1584), y también por un tal Helisaeus Roeslin. 


Brahe desarrolló una apasionada carrera astronómica pero aún le esperaban nuevos destinos y nuevos "amigos"...



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